El secarral

Autoracing árido, irreverente, políticamente incorrecto, espinoso... y sincero

domingo, 20 de abril de 2014

El mal de Ferrari y su verdadero culpable

Con la actual situación de Ferrari, se me viene a la cabeza aquél western en el que un viejo caballo, venido a menos debido al implacable paso de los años, corrió libre por primera vez; ese bello ejemplar de la raza equina había nacido entre hombres, al cuidado de éstos y también a su servicio ¡cómo no!, pero las circunstancias de su dueño –que murió durante una refriega en una cantina– forzaron al añoso jaco a emprender el camino de la libertad, sintiendo con desolación cómo no estaba preparado para ello, volviendo finalmente a la civilización en busca de otro amo que lo montase y lo atendiese. No estaba preparado para trotar libre.

Las sorpresas se sucedieron esta semana en la casa de Maranello, primero con la dimisión de Stefano Domenicali, Team Principal de Ferrari, y más tarde con la aceptación de dicha dimisión por parte de Luca Cordero di Montezemolo.

Evidentemente, el mal camino emprendido por Ferrari desde la marcha de Jean Todt empieza a tener su máxima expresión en estos días en los que el equipo hace aguas en todos los aspectos. Y es que nos vendieron humo, como todos los años, con la gran oportunidad de dar un giro de tuerca con la nueva normativa, aprovechando que el sudafricano Rory Byrne, el diseñador que le ganaba con sus coches al ahora engrandecido Adrian Newey, iba a participar en el diseño del monoplaza de 2014 de la Scuderia.

martes, 28 de mayo de 2013

El neumático "putada"

La mala planificación de la FIA hace que la Fórmula 1 esté en el callejón sin salida en el que ahora mismo se ve, con unas carreras que apenas si son carreras y con una afición a la que le falta un ligero empujoncito para dejar de serlo.

Perdón que comience así, sin entradilla, a pelo, pero la situación actual de la llamada "categoría reina" no merece andarse por las ramas. La F1 de hoy aturde, enoja, uno siente que no está visionando una carrera de coches seria, donde el más rápido debería ser el que va primero. No, históricamente siempre ha sido un compendio de rapidez y cuidado del vehículo el que ponía a cada piloto en su sitio, unos delante y otros al final. Actualmente esto no tiene demasiado que ver con la rapidez, sino con el cuidado de los pseudoneumáticos que los italianos de Pirelli han colocado en cada coche.

Cansa que constante, cansina, repetitivamente se hable de degradación, de desgaste, de estrategia con las gomas, de si fulano ha montado ya el neumático más blando o el menos blando... como dije antes, aturde, no es real, es una especie de villancico que narra una pequeña historia que termina en apenas 8 o 9 kilómetros ¿cómo hacen un neumático que aguante 2 vueltas? No es algo real.

lunes, 20 de agosto de 2012

La maldita alcantarilla

¡Quién no ha visto alguna vez el Gran Premio de Mónaco de F1! Es una de esas pruebas míticas que a todo piloto le gustaría ganar, saborear esos mágicos momentos en cada curva, cada subida, cada esquina, cada recta. La cita monegasca es el edén del piloto, junto a las 24 horas de Le Mans, 500 Millas de Indianápolis y la Daytona 500.

Sé que ha pasado tiempo desde la última vez que vimos a los monoplazas de F1 rodar por las calles de Mónaco, pero siempre me surge una pregunta que los "entendidos" justifican como el efecto alcantarilla. ¿Nunca se han preguntado por qué nada más pasar el Casino los coches abandonan su trayectoria ideal para seguir otra más forzada?

viernes, 18 de mayo de 2012

Felicidad

Tenía la intención de titular esta entrada como “Maquialonso”, pero recapacité a tiempo y la nombré siguiendo el dictado de mi corazón, pues tras contemplar y degustar la carrera de Barcelona 2012, ese músculo jodón de mi pecho, que no hace otra cosa que moverse sin descanso, me hace sentir muy a gusto, con la satisfacción de que todo lo sufrido entre 2004 y 2012 no ha sido en vano… y además, una puyita a Alonso no merece empañar la dicha que colma de gozo todo mi ser, y menos en un título.

¡Y es que Williams volvió a ganar! Como seguidor confeso de la escudería de Grove, han sido muchos años viendo desfallecer lánguidamente a los diferentes modelos que se han sucedido en la casa de Frank Williams. Y no ha sido fácil, especialmente en los últimos años, donde la tercera escudería de la parrilla estaba peleando con equipos con los que jamás debería codearse. Sí, ya sé que suena un poco mamón, pero seguir a Williams no es como seguir a los infalibles McLaren o a los siempre arropados Ferrari, ser aficionado de Williams significa voltear a ver las entrañas de la F1, rascar en la superficie oxidada del entramado de Ecclestone y ver qué hay más allá, degustar esa historia por la que han desfilado tantos y tantos nombres, acariciar con el pensamiento cada uno de esos trofeos, cada uno de esos monoplazas… No, no vivimos anclados en el pasado, pero a falta de pan, debemos echar la vista atrás para no desfallecer en el intento, apretando los dientes cada vez que un Williams se ve en carrera con uno de los coches del furgón de cola, tratando de poner la mente en blanco para no soltar una lágrima de esas que le hielan a uno el corazón.

lunes, 19 de marzo de 2012

¡Qué poco hemos cambiado!

Desde que hace unos meses decidí seguir la F1 como deporte, al considerar que todos los aspectos que rodean a la llamada “categoría reina” son una soberana basura que hacen ensombrecer a una categoría deportiva sin igual en el mundo entero, he de decirles que tengo la mirada mucho más limpia, estoy más relajado y, en definitiva, soy más feliz.

Sí, me niego a olisquear en las noticias que diariamente inundan los medios diciendo que Ecclestone dice alguna cosa, que Todt cambia no sé qué normativa, que el circuito de Austin está a medio hacer, que en Bahrein adornan las faroles con tripas, que echan a un piloto y a otro lo fichan porque papá tiene un Rolls de oro aparcado en el garaje… todo este tipo de cosas de las que se nutre día a día la F1 me parecen estupideces que en nada ayudan a que un deporte sea considerado como tal. Hoy sigo la F1, como desde hace más de 30 años, pero lo hago de una forma diferente, sin atender constantemente a ese flujo de noticias, poniendo la televisión y disfrutando del espectáculo… ¿que Trulli ya no está y han puesto a Petrov? ¡pues mejor para él! Yo solo quiero que me entretenga, y si no lo hace, cerraré un momento los ojos y la siguiente imagen que resida en mi pupila será otra.

sábado, 28 de enero de 2012

... como aquél torero

Que la F1 está podrida hasta la médula no lo voy a descubrir ahora. Son ya muchos años siguiendo este maravilloso deporte, contra viento y marea, soportando caciques y cacicadas, peleando en aquellos años de "oscuridad" en que no se veían las carreras aquí en España, ni aunque Pedro de la Rosa estuviese apretando duro el acelerador del cascajo que le tocaba manejar. Siempre fue su sino.

De unos años a esta parte, soportamos los aficionados el continuo devenir cada día más errático de la llamada categoría reina, cada vez menos reina y cada día más decadente. Los mandamases del cotarro se están encargando de destrozar un deporte de caballeros para convertirlo en un negocio en el que el valor nada tiene que ver; continuas migraciones hacia países asiáticos, donde les importa un carajo la historia de este deporte, constantes injerencias de los organizadores de la FOM en el rol deportivo, abusivos cánones que se cobran a los circuitos por organizar una carrera, despiadadamente, sin tomar en consideración la crisis que está asolando el mundo... y podría seguir, por ejemplo, con la profesionalidad de los pilotos, como imbéciles del tipo de Nelsinho Piquet, al que le dicen que se estampe contra un muro y lo hace, abueletes como Jarno Trulli, que no tienen la dignidad suficiente para aceptar de una vez por todas que nunca fueron ni la sombra de Bruce McLaren o Bernd Rosemeyer, divas como Fernando Alonso, a los que les importa la F1 menos que a un aficionado de Bangladesh y luchan únicamente por llenar su billetera, algo lícito, claro está, pero tapado detrás del deberse a una afición, a la que quieren entregar títulos que sólo valoran los pilotos como dólares que les permitirán engrandecer su ego, con el afán de superar al siguiente en la estadística.